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La disputada elección para gobernador



   Por Jorge Arturo Estrada García

La derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo: jamás es definitiva.
José Saramago (1922-2010).

Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque
convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha.
Miguel de Unamuno (1864-1936).


La elección se pudrió, y la etapa de PRI para Coahuila se extendería a 94 años. Las oportunidades de cambio y democracia se perdieron. Los ciudadanos despertaron, pero lo hicieron demasiado tarde. La euforia ciudadana que, por el momento, ha llenado calles, plazas y satura las redes con mensajes y reclamos, no se presentó en las urnas. Y el 4 de junio, con una afluencia de un 61 por ciento, sólo lograron una elección judicializada cuyos resultados resolverán los tribunales. Y sin embargo, los coahuilenses ya no somos los mismos. Algo llegó a nuestras mentes que nos ha cambiado. Lo postelectoral, aportará más escenarios inéditos.

Miguel Riquelme obtuvo su Constancia de Mayoría, la cual, por el momento, sólo le permitirá acceder a un proceso judicial en el que terceros son los que decidirán si le conceden la gubernatura o se la quitan.

Será cuestión de días o semanas aclarar si su triunfo queda en firme o lo pierde todo. No obstante, el grupo en el gobierno se desborda en alegría; casi seguramente piensan que continuarán otro sexenio entre las nóminas oficiales. Ignoran, como siempre, las señales en el cielo.

¿Pero, cómo y por qué se dio todo esto? Los apáticos coahuilenses resultaron renuentes y poco acertados votantes. Sin embargo, ahora son activos y aguerridos manifestantes que rechazan a Riquelme y al PRI a grito abierto, llenando plazas. Los egoístas y tuertos opositores al fin se unieron y formaron un Frente para reclamar fraude electoral y la nulidad de la elección, con amplio respaldo popular.
El delfín, como no le gustaba que le dijeran, ya menos soberbio, se muestra titubeante, conciliador y llama a la unidad. Además, surgen nuevos liderazgos: Guillermo Anaya, Armando Guadiana, Javier Guerrero, José Ángel Pérez, Lenin Pérez y hasta Lucho Salinas. Todos ellos han adquirido una nueva dimensión a partir de su movimiento postelectoral, en una tierra en la que los líderes son escasos.

Como apuntamos desde hace varias colaboraciones, aquí en el Periódico de Saltillo, internet y las redes sociales desempeñaron un papel muy relevante en las manifestaciones políticas y sociales del Coahuila actual. Sólo quien se va quedando obsoleto no comprende aún la importancia de este fenómeno comunicativo.

Los mecanismos de control se han roto, ya no estamos aislados. Finalmente, las redes sociales y el internet conectaron las mentes, se compartieron mensajes y significados que explotaron en un movimiento social sin precedentes en Coahuila. Las condiciones estaban dadas, sólo faltaban los catalizadores para que se desencadenara la reacción. Los ciudadanos pasaron de la ira a la acción. Están entre la indignación y la esperanza.

El malestar social en la entidad es enorme desde hace meses, hay un gran rechazo a la clase política, a los partidos, a la corrupción, a los grupos en el poder y casi todo eso se ha focalizado en Miguel Riquelme y en el PRI. En el seno del tricolor, tampoco quisieron interpretar esas señales. Tal vez se consideran invencibles e intocables. O, de plano son ciegos.

Como resultado de esto, actualmente Riquelme carece de legitimidad, más del 70 por ciento de los ciudadanos lo rechazan. Su partido está dividido y debilitado. Su estrategia electoral falló y se convirtió en uno de los villanos favoritos de Coahuila, y todavía no inicia su gobierno. Serán largos meses los que le tomará intentar conciliar y buscar gobernabilidad, si conserva el triunfo.

Definitivamente, la dispersión y la escasez de votos libres, en las urnas, marcaron el camino de la elección. Por supuesto, sin descartar, que el incompetente Instituto Electoral de Coahuila y el pusilánime Instituto Nacional Electoral metieron más ruido al complicado proceso.
Fuimos testigos de que ninguno de los candidatos logró construir una campaña ganadora. Sus estrategias fueron equivocadas, en algunos casos su comunicación fue rudimentaria, su marketing mediocre y su manejo de redes sociales e internet fue patético.

El PRI destacó por su mala campaña: primero hicieron que Riquelme reclamara más dinero, que “porque merecemos más”, eso a nadie le importó, ni impactó; luego los carísimos estrategas optaron por presumir más carácter y menos política, lo que fracasó de nueva cuenta: nunca pudieron leer que de lo que se trata es de: “Menos políticos corruptos”.

La corrupción, las fortunas enormes e inexplicables de los políticos y los malos servicios gubernamentales, fueron el trasfondo de irritación social de la elección; los bajos salarios y la inseguridad, completaban el marco.

Se formaron tres grandes bloques de temáticas que manejaron los candidatos, uno buscando asegurar la fidelidad de la estructura con tarjetas y monederos de todos tipos y dádivas. La otra, buscando votos señalando los defectos del PRIAN, y la tercera enfatizando la corrupción y el cacicazgo como los malos con los que se debería acabar. La primera y la tercera fueron las que imperaron a fin de cuentas. Consiguieron más votos.

Riquelme ya no buscó nuevas adhesiones y se enfocó en llevar a su voto duro a las urnas y en el camino perdió casi 300 mil votos, respecto a la elección del 2011. Anaya logró mantenerse competitivo y le arrebató la percepción ganadora a Riquelme quien durante meses ha navegado con la etiqueta de derrotado. Sin embargo, el panista no logró canalizar ni el voto de castigo, ni el voto útil, en cantidades suficientes para ganar por amplia ventaja.

Armando Guadiana y Javier Guerrero naufragaron por su pésima estrategia de comunicación: solamente el 50 por ciento del electorado llegó a conocerlos antes del 4 de junio. Pese a sus bajos negativos y alta competitividad, con ese mediocre desempeño era imposible que ganaran. Y ellos lo sabían desde siempre, pero tampoco supieron leer las señales, ni cambiar la estrategia, ni ser generosos.

Riquelme nunca logró conectar con el electorado y durante meses fue en picada. Con más días de campaña hubiera sido arrasado. Lo salvó la maquinaria. Aunque solamente le alcanzó para obtener una victoria impugnada.

Desde un principio, apuntamos que el ex alcalde de Torreón no era el mejor entre los tricolores para enfrentar esta difícil elección ante lo complicado del contexto. Lo único que tuvo a su favor fue a la oposición dividida, porque ni el millonario apoyo del Estado le alcanzó para ganar sin un proceso judicial.

Será motivo de amplias discusiones y más profundos análisis determinar cuál candidato, si Miguel Riquelme o Guillermo Anaya, ganó la elección a gobernador de Coahuila el 4 de junio. Por lo menos yo no lo sé con certeza.


Sin embargo, aquí advertimos acerca de las nuevas variables de la ecuación y las incorporamos al análisis del proceso. Establecíamos que los mecanismos de control social se habían roto, que la información fluye libremente en cantidades abundantes entre las clases medias coahuilenses que conforman un segmento del 60 por ciento en Coahuila, y que esto volvería competidos los procesos electorales de junio.

Los encuentros cibernéticos que se han multiplicado, en Facebook, en las transmisiones en vivo de eventos, marchas, conferencias de prensa, muchas de ellas mutiladas o censuradas por los medios convencionales, sirven de foros de libre de expresión, los cuales se comparten por decenas de miles y son seguidas por cientos de miles.

En Coahuila, entre el miércoles 7 de junio y el lunes 12 de junio, los registros marcan a más de 300 mil cibernautas interactuando con los asuntos propuestos por los líderes del frente opositor, cada día. En contraste, los de Riquelme rondan los 40 mil.

Así, vemos como cientos de miles de personas se están comunicando diariamente respecto a estos temas. Ellos están formando sus opiniones y deciden en consecuencia. Eso ya es imparable, se irán politizando, y Riquelme es y será el primer blanco de su furia y exigencias. Induda- blemente él deberá cambiar sus estrategias y sus compañías.

Por el momento, Riquelme está aislado y encerrado en una burbuja. Trae un equipo impuesto que le ayudó poco para ganar y que casi lo hace perder. Varios de sus intermediarios ya no son confiables y le atraen negativos. Está copado por un grupito de funcionarios y ex funcionarios que sólo le aportan desprestigio, ellos se aferran a sus cargos y los negocios bajo la sombra del erario. Son los más agresivos en los festejos sin comprender que le estorban a Riquelme en su intento por despegar. Podría ser el gobernador más debilitado desde el suicida, don Ignacio Cepeda Dávila.

Durante toda la campaña no pudo o no quiso quitárselos de encima. El desprestigiado grupo Saltillo está lucrando con la victoria en la capital del estado. Ni Chema Fraustro, ni Chuy Ochoa, ni Ismael Ramos llevaron votos, ni dinero de su bolsa, ni prestigio a las campañas; a lo más juntaron a un grupito de ricos, sin liderazgos sociales ni gremiales, para cenar y “conocer al candidato”. En cambio, los priístas de las colonias reconocen que Álvaro Moreira y Samuel Rodríguez trabajaron intensamente en sus sectores.

El papel del árbitro electoral fue nefasto: no aportó las condiciones de transparencia, equidad, legalidad, objetividad y certeza al disputado proceso. Hubo 1200 sustituciones de funcionarios de casilla y dificultades para obtener nombramientos para representantes de partido. No se pudieron contar mil casillas; el PREP se bloqueó al 72 por ciento, por primera vez en una elección en 30 años. El Conteo Rápido no coincidió con los resultados finales por primera vez en México, la probabilidad de que un Conteo de estos falle es de una en diez mil.

La Fuerza Coahuila y no el ejército custodió las bodegas con los paquetes electorales. Las bodegas con los sobres electorales fueron fracturadas. Los paquetes electorales fueron violados y las actas y boletas alteradas. En suma, los votos de los coahuilenses podrían haber sido falsificados. Los consejeros del IEC son burócratas, electos por los partidos y el congreso local, sin prestigios ni trayectorias profesionales sólidas. En Coahuila actuaron parcialmente a favor del tricolor.

Coahuila se convirtió en foco rojo de la democracia. Los tribunales tendrán la última palabra. La democracia perdió, pero aún así hubo cambio.

Los ciudadanos despertaron, coahuilenses se conectaron a través de las redes y expresaron su ira e indignación en diversos foros virtuales y reales. La ira la tradujeron en acción y salieron a tomar las calles y los espacios públicos para hacer sentir su voz.

Decenas de miles de personas están politizándose y buscan arrebatar el control de la vida pública a los grupitos de siempre. Esta indignación ya logró concretar cinco manifes- taciones en cinco días, en cuatro ciudades. Es cierto, el entusiasmo llegó tarde pero tal vez se quede por un tiempo.

 
 
 
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Última actualización del sitio: 17-oct-2017 12:24 AM