Desarrollo y mantenimiento de sitios en Internet, en Saltillo, Coahuila. México.

   Inicio < Opinión...es < Jesús R. Cedillo < “Leer en el retrete” 1/3
 
 
“Leer en el retrete” 1/3



   Por Jesús R. Cedillo

¿A qué se va al sanitario, al retrete, al llamado wáter o bien, abreviado como muchos humanos le definen, el W.C.? Pues de entrada, para lo que fue diseñado: a evacuar las necesidades fisiológicas del cuerpo humano. Aquello que no sirve. Orina y mierda. Así de sencillo. No se espante lector, así son sus nombres. De hecho, hay un viejo libro que es toda una disertación filosófica, literaria, social y fisiológica sobre eso, sí, la mierda. Se llama precisamente “Una Vieja Historia de la mierda.” No nos distraigamos, ¿a qué se va al retrete? A evacuar, así de sencillo.

Pero, no siempre es sencillo y no siempre es así. Al retrete que por lo general está en el mismo cuarto del baño con regadera, se va a muchas otras cosas amén del diseño para lo que fue creado. A vuela pluma, van tareas que cumple el inodoro o retrete: aquí se va a llorar (por lo general, las mujeres, para que no las vean los hijos), aquí se va a platicar (por lo general, las mujeres, por eso se invitan una a otra. De dos en dos), aquí se va un hombre o mujer a fumar (para que la casa no huela a tabaco y el otro cónyuge si no fuma, se moleste); al retrete (o trono, como le decía o definía mi hermano Alberto, el mecánico) se va a estar consigo mismo, se va a pensar. Al retrete… se va no pocas veces a leer. Máxime, cuando se produce ese mal del siglo XX y XXI llamado estreñimiento. O bien, cuando se tiene ese mal diabólico llamado diarrea. Al retrete, damas y caballeros se va a leer. Y seamos francos, también y no pocas veces y con mayor frecuencia al día de hoy, se va uno a tener buen sexo con la musa en turno: ya sea en el mismo retrete o en el lavabo, cosa que es bastante rica o acrobática, por lo demás.

Mi hermano Alberto, el mecánico, ya unido a la eternidad, tenía este lugar elegido para leer. Por eso le decía, “torno”, su trono. Cuando entraba, el tiempo pasaba y no había poder humano que lo sacara de semejante ¿embeleso? Leía el periódico, revistas y cuando le compartía alguna lectura que pensaba le iba a gustar, pues sí, se llevaba aquel libro al baño y allí lo leía… hasta terminarlo. En episodios o tandas, pues. Recuerdo que así leyó dos o tres libros de Juan García Ponce. Creo recordar los títulos: “De ánima”, “La casa en la playa” y uno más que escapa a mi memoria. Pues sí, mi hermano leía con singular placer en el retrete. ¿Usted lee en el retrete señor lector, lectora?

Este liminar para este tríptico viene a cuento porque en uno de mis viajes al bajío mexicano, di con un libro, un opúsculo harto inteligente, divertido e imaginativo: “Leer en el retrete”, libro jamás traducido antes en español, autoría del gran escritor prohibido en su momento, Henry Miller (1891-1980), autor usted lo sabe, de aquellos libros que ardían en la hoguera de las buenas costumbres y censura mojigata gringa: “Trópico de cáncer”, “Trópico de capricornio”, “El coloso de Marusi”, “Sexus”, “Nexus” y un libro deslumbrante para mí, “La crucifixión rosada.” Pero, quien esto escribe no sabía de la redacción de este opúsculo (publicado en 1952), el cual ahora edita estupendamente Navona Ficciones, de España.

¿Qué leer en el retrete? ¿Es bueno o malo esto? ¿No debería irse al sanitario sólo para las necesidades fisiológicas y así no distraernos? ¿Se pueden leer los libros clásicos en el retrete? ¿Leer libros de qué tamaño y peso? Seamos francos, no son preguntas baladíes y si encierran en su ritmo, espesura y profundidad, todo eso que ahora llamamos cultura: modos de ser, modos de comer, modos de leer, modos de ir al baño… Y para entra en materia con Henry Miller, leamos un breve fragmento de su base: “Hay un asunto relacionado con la lectura de libros sobre el que, en mi opinión, merece la pena reflexionar y acerca del cual., hasta donde yo sé, se ha escrito poco. Me refiero a leer en el retrete. En mi juventud en busca de un lugar reservado donde devorar los clásicos prohibidos, a veces recurría al retrete…” Vamos iniciando, señor lector, vamos iniciando.
 
 
 
  << Regresar || “Leer en el retrete” 1/3 Visitas  76 || >> 
Última actualización del sitio: 12-dic-2017 07:55 PM